TABLA DE MATERIAS
Capítulo 1 De Las
Santas Escrituras
Capítulo 2 De Dios y De La Santisima Trinidad
Capítulo 3 Del Decreto Eterno De Dios
Capítulo 4 De La Creacion
Capítulo 5 De La Providencia
Capítulo 6 De La Caida Del Hombre, Del Pecado Y Su Castigo
Capítulo 7 Del Pacto De Dios Con El Hombre
Capítulo 8 De Cristo, El Mediador
Capítulo 9 Del Libre Albedrio
Capítulo 10 Del Llamamiento Eficaz
Capítulo 11 De La Justificacion
Capítulo 12 De La Adopcion
Capítulo 13 La Santificacion
Capítulo 14 De La Fe Salvadora
Capítulo 15 Del Arrepentimiento Para Vida
Capítulo 16 De Las Buenas Obras
Capítulo 17 De La Perseverancia De Los Santos
Capítulo 18 De La Seguridad De La Gracia Y De La Salvación
Capítulo 19 De La Ley De Dios
Capítulo 20 De La Libertad Cristiana Y De La Libertad
De Conciencia
Capítulo 21 De La Adoracion Religiosa Y Del Dia De
Reposo
Capítulo 22 De Los Juramentos Y De Los Votos Licitos
Capítulo 23 Del Magistrado Civil
Capítulo 24 Del Matrimonio Y Del Divorcio
Capítulo 25 De La Iglesia
Capítulo 26 De La Comunion De Los Santos
Capítulo 27 De Los Sacramentos
Capítulo 28 Del Bautismo
Capítulo 29 De La Cena Del Senor
Capítulo 30 De La Disciplina Eclesiastica
Capítulo 31 De Los Sinodos Y Concilios
Capítulo 32 La Muerte Y La Resurreccion
Capítulo 33 Del Juicio Final
CAPITULO 1: DE LAS SANTAS ESCRITURAS
I. Aunque la luz de la naturaleza
y las obras de creación
y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder
de Dios de tal manera que los hombres quedan sin excusa, (1) sin
embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios
y de su voluntad que es necesario para la salvación; (2)
por lo que le agradó a Dios en varios tiempos y de diversas
maneras revelarse a si mismo y declarar su voluntad a su Iglesia;
(3) y además, para conservar y propagar mejor la verdad
y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra
la corrupción de la carne, malicia de Satanás y del
mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito,
(4) por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias,
(5) y tanto más cuanto que han cesado ya los modos anteriores
por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia.
(6).
1. Romanos 2:14,15; Romanos 1:19,20; Salmos 19:1-3; Romanos 1:32
y 2:1
2. 1 Corintios 1:21 y 2:13,14.
3. Hebreos 1:1.
4. Lucas 1:3,4; Romanos 15:4; Mateo 4:4,7,10; Isaias 8:19,20; Proverbios
22:14-21.
5. 2 Timoteo 3:15; 2 Pedro 1:19.
6. Hebreos 1:1,2.
II. Bajo el nombre de "Santas Escrituras" o
la Palabra de Dios escrita, se encuentran todos los libros del
Antiguo y Nuevo
Testamento, y los cuales son:
ANTIGUO TESTAMENTO
1. Génesis 14. II Crónicas
27. Daniel
2. Exodo 15. Esdras 28. Oseas
3. Levítico 16. Nehemías 29. Joel
4. Números 17. Ester 30. Amós
5. Deuteronomio 18. Job 31. Abdias
6. Josué 19. Salmos 32. Jonás
7. Jueces 20. Proverbios 33. Miqueas
8. Rut 21. Eclesiastés 34. Nahum
9. I Samuel 22. Cantares 35. Habacuc
10. II Samuel 23. Isaías 36. Sofonías
11. I Reyes 24. Jeremías 37. Hageo
12. II Reyes 25. Lamentaciones 38. Zacarías
13. I Crónicas 26. Ezequiel 39. Malaquías
NUEVO TESTAMENTO
1. Mateo 10. Efesios 19. Hebreos
2. Marcos 11. Filipenses 20. Santiago
3. Lucas 12. Colosenses 21. 1 Pedro
4. Juan 13. 1 Tesalonicenses 22. 2 Pedro
5. Hechos 14. 2 Tesalonicenses 23. 1 Juan
6. Romanos 15. 1 Timoteo 24. 2 Juan
7. 1 Corintios 16. 2 Timoteo 25. 3 Juan
8. 2 Corintios 17. Tito 26. Judas
9. Gálatas 18. Filemon 27. Apocalipsis
Todos estos fueron dados
por inspiración
de Dios para que sean la regla de fe y de conducta. (1)
1. Lucas 16:29,31; Efesios 2:20; Apocalipsis 22:18,19; 2 Timoteo
3:16.
III. Los libros comúnmente llamados Apócrifos, por
no ser de inspiración divina, no forman parte del Canon
de las Santas Escrituras, y por lo tanto no son de autoridad
para la Iglesia de Dios, ni deben aceptarse ni usarse sino
de la misma
manera que otros escritos humanos. (1)
1. 2 Pedro 1:21; Romanos 3:2; Lucas 24:27,44.
IV. La autoridad de las
Santas Escrituras, por la que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún
hombre o iglesia, sino exclusivamente del testimonio de Dios (quien
en si mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas,
porque son la Palabra de Dios. (1).
1. 2 Pedro 1:19,21; 2 Timoteo 3:16; 1 Juan 5:9; 1 Tesal. 2:13.
V. El testimonio de la Iglesia
puede movernos e inducirnos a tener para las Santas Escrituras
una estimación alta y reverencial;
(1) a la vez que el carácter celestial del contenido de
la Biblia, la eficacia de su doctrina, la majestad de su estilo,
la armonía de todas sus partes, el fin que se propone alcanzar
en todo el (que es el de dar toda gloria a Dios), el claro descubrimiento
que hace del único modo por el cual puede alcanzar la salvación
el hombre y las muchas otras incomparables excelencias y su entera
perfección son todos argumentos por los cuales la Biblia
demuestra abundantemente que es la Palabra de Dios. Sin embargo,
nuestra persuasión y completa seguridad de que su verdad
es infalible y su autoridad divina proviene de la obra del Espíritu
Santo, quien da testimonio a nuestro corazón con la
palabra divina y por medio de ella. (2)
1. 1 Timoteo 3:15.
2. 1 Juan 2:20,27; Juan 16:13,14; 1 Corintios 2:10,11; Isaías
59:21.
VI. El consejo completo
de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria
y para la
salvación, fe y vida del
hombre, está expresamente expuesto en las Escrituras, o
se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia, y,
a esta revelación de su voluntad, nada ha de añadirse,
ni por nuevas relaciones del Espíritu, ni por las tradiciones
de los hombres. (1) Sin embargo, confesamos que la iluminación
interna del Espíritu de Dios es necesaria para que se entiendan
de una manera salvadora las cosas reveladas en la Palabra, (2)
y que hay algunas circunstancias tocantes a la adoración
de Dios y al gobierno de la iglesia, comunes a las acciones
y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme a la luz
de la naturaleza
y de la prudencia cristiana, pero guardando siempre las reglas
generales de la Palabra que han de observarse siempre. (3)
1. 2 Timoteo 3:15-17; Gálatas 1:8,9; 2 Tes. 2:2.
2. Juan 6:45; 1 Corintios 2:9-12.
3. 1 Corintios 11:13,14, y 14:26,40.
VII. Las cosas contenidas
en las Escrituras, no todas son igualmente claras ni se entienden
con la misma facilidad
por todos; (1) sin
embargo, las cosas que necesariamente deben saberse, creerse
y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y
declaran en
uno u otro lugar de las Escrituras, de tal manera que no solo
los eruditos, sino aún los que no lo son, pueden adquirir
un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso
de los
medios ordinarios. (2)
1. 2 Pedro 3:16.
2. Salmo 119:105,130.
VIII. El Antiguo Testamento
se escribió en hebreo, (que
era el idioma común del pueblo de Dios antiguamente), y
el Nuevo Testamento en griego, (que en el tiempo en que fue escrito
era el idioma más conocido entre las naciones). En aquellas
lenguas fueron inspirados directamente por Dios, y guardados puros
en todos los siglos por su cuidado y providencia especiales, (1)
y por eso son auténticos. Por esta razón debe apelarse
finalmente a los originales en esos idiomas en toda controversia.
(2) Como estos idiomas originales no se conocen por todo el pueblo
de Dios, el cual tiene el derecho de poseer las Escrituras y gran
interés de ellas, a las que según el mandamiento
debe leer y escudriñar en el temor de Dios, (3) por lo tanto
la Biblia debe ser traducida a la lengua vulgar de toda nación
a donde sea llevada, (4) para que morando abundantemente la Palabra
de Dios en todos, puedan adorar a Dios de una manera aceptable
(5) y para que por la paciencia y consolación de las
Escrituras, tengan esperanza. (6)
1. Mateo 5:18.
2. Isaías 8:20; Hechos 15:15.
3. Juan 5:39,46.
4. 1 Corintios 14:6,9,11,12,24,27,28.
5. Colosenses 3:16.
6. Romanos 15:4.
IX. La regla infalible para
interpretar la Biblia, es la Biblia misma, y por tanto, cuando
hay dificultad
respecto al sentido verdadero
y pleno de un pasaje cualquiera (cuyo significado no es múltiple,
sino uno solo), éste se debe buscar y establecer por otros
pasajes que hablen con más claridad del asunto. (1)
1. Hechos 15:15,16; 2 Pedro 1:20,21.
X. El Juez Supremo por el
cual deben decidirse todas las controversias religiosas, todos
los decretos de los
concilios, las opiniones
de los hombres antiguos, las doctrinas de hombres y de espíritus
privados, y en cuya sentencia debemos descansar, no es ningún
otro más que el Espíritu Santo que habla en las
Escrituras. (1)
1. Mateo 22:29,31; Efesios 2:20 con Hechos 28:25.
CAPITULO 2: DE DIOS Y DE LA SANTISIMA TRINIDAD
I. No hay sino un solo Dios,
(1) el único viviente y verdadero,
(2) quien es infinito en su ser y perfecciones; (3) espíritu
purísimo, (4) invisible, (5) sin cuerpo, miembros (6) o
pasiones; (7) inmutable, (8) inmenso, (9) eterno, (10) incomprensible,
(11) todopoderoso, (12) sabio, (13) santo, (14) libre, (15) absoluto,
(16) que hace todas las cosas según el
consejo de su propia voluntad, que es inmutable y justisima
(17) y para su propia gloria. (18) También Dios es amoroso, (19)
benigno y misericordioso, paciente, abundante en bondad y verdad,
perdonando toda iniquidad, transgresión y pecado, (20) galardonador
de todos los que le buscan con diligencia, (21) y sobre todo muy
justo y terrible en sus juicios, (22) que odia todo pecado (23)
y que de ninguna manera dará por inocente al culpable,
(24).
1. Deuteronomio 6:4; 1 Corintios 8:4,6.
2. 1 Tesalonicenses 1:9; Jeremías 10:10.
3. Job 11:7-9 y 26:14.
4. Juan 4:24.
5. 1 Timoteo 1:17.
6. Deuteronomio 4:15,16; Lucas 24:39; Juan 4:24.
7. Hechos 14:11,15.
8. Santiago 1:17; Malaquías 3:6.
9. 1 Reyes 8:27; Jeremías 23:23,24.
10. Salmos 90:2; 1 Timoteo 1:17.
11. Salmos 145:3.
12. Génesis 17:1; Apocalipsis 4:8.
13. Romanos 16:27.
14. Isaías 6:3; Apocalipsis 4:8.
15. Salmos 115:3.
16. Exodo 3:14.
17. Efesios 1:11.
18. Proverbios 16:4; Romanos 11:36.
19. 1 Juan 4:8,16.
20. Exodo 34:6,7.
21. Hebreos 11:6.
22. Nehemías 9:32,33.
23. Salmos 5:5,6.
24. Nehemías 1:2,3; Exodo 34:7.
II. Dios posee en si mismo
y por si mismo toda vida, (1) gloria, (2) bondad (3) y bienaventuranza;
(4)
es suficiente en todo, en
si mismo y respecto a si mismo, no teniendo necesidad de ninguna
de las criaturas que El ha hecho, (5) ni derivando ninguna
gloria de ellas, (6) sino que solamente manifiesta su propia
gloria en
ellas, por ellas, hacia ellas y sobre ellas. El es la única
fuente de todo ser, de quien, por quien y para quien son todas
las cosas, (7) teniendo sobre ellas el más soberano dominio,
y, haciendo por ellas, para ellas y sobre ellas toda su voluntad.
(8) Todas las cosas están abiertas y manifiestas delante
de su vista; (9) su conocimiento es infinito, infalible e independiente
de toda criatura, (10) de modo que para El no hay ninguna cosa
contingente o incierta. (11) Es santisimo en todos sus consejos,
en todas sus obras y en todos sus mandatos. (12) A El son debidos
todo culto, adoración, servicio y obediencia que tenga a
bien exigir de los ángeles, de los hombres y de toda
criatura. (13)
1. Juan 5:26
2. Hechos 7:2
3. Salmos 119:68
4. 1 Timoteo 6:15; Romanos 9:5
5. Hechos 17:24,25
6. Job 22:2,3
7. Romanos 11:36
8. Apocalipsis 4:11; Daniel 4:25,35; 1 Timoteo 6:15
9. Hebreos 4:13
10. Romanos 11:33,34; Salmos 147:5
11. Hechos 15:18; Ezequiel 11:5
12. Salmos 145:17; Romanos 7:12
13. Apocalipsis 5:12-14
III. En la unidad de la
Divinidad hay tres personas de una sustancia, poder y eternidad;
Dios Padre, Dios
Hijo y Dios Espíritu
Santo. (1) El Padre no es engendrado ni procede de nadie; el Hijo
es eternamente engendrado del Padre, (2) y el Espíritu
Santo procede eternamente del Padre y del Hijo. (3)
1. 1 Juan 5:7; Mateo 3:16,17 y 28:19; 2 Corintios 13:14.
2. Juan 1:14,18.
3. Juan 15:26; Gálatas 4:6.
CAPITULO 3: DEL DECRETO ETERNO DE DIOS
I. Dios desde la eternidad,
por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordeno libre e inalterablemente
todo lo que sucede.
(1)
Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del
pecado (2), ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas,
ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias,
sino más bien las establece. (3)
1. Efesios 1:11; Romanos 11:33, 9:15,18; Hebreos 6:17.
2. Santiago 1:13,17; 1 Juan 1:5.
3. Hechos 2:23; 4:27-28; Mateo 17:12; Juan 19:11; Proverbios 16:33.
II. Aunque Dios sabe todo
lo que puede suceder en toda clase de supuestas condiciones,
(1) sin embargo, nada
decreto porque
lo
preveía como futuro o como cosa que sucedería
en circunstancias dadas.(2)
1. Hechos 15:18; 1 Samuel 23:11-12; Mateo 11:21,23 .
2. Romanos 9:11,13,16,18.
III. Por el decreto de Dios,
para la manifestación de su
propia gloria, algunos hombres y ángeles (1) son predestinados
a vida eterna, y otros preordenados a muerte eterna. (2)
1. 1 Timoteo 5:21; Mateo 25:41.
2. Romanos 9:22-23; Efesios 1:5-6; Proverbios 16:4.
IV. Estos hombres y ángeles así predestinados y
preordenados están designados particular e inalterablemente,
y su número es tan cierto y definido que ni se puede
aumentar ni disminuir. (1)
1. 2 Timoteo 2:19; Juan 13:18.
V. A aquellos que Dios ha
predestinado para vida desde antes que fuesen puestos los fundamentos
del mundo,
conforme a su eterno
e inmutable propósito y al consejo y beneplácito
secreto de su propia voluntad, los ha escogido en Cristo para la
gloria eterna. (1) Dios los ha predestinado por su libre gracia
y puro amor, sin previsión de su fe o buenas obras,
de su perseverancia en ellas o de cualquiera otra cosa en la
criatura
como condiciones o causas que le muevan a predestinarlos; (2)
y lo ha hecho todo para alabanza de su gloriosa gracia. (3)
1. Efesios 1:4,9,11; Romanos 8:30; 2 Timoteo 1:9; 1 Tesal. 5:9.
2. Romanos 9:11,13,16; Efesios 1:4,9.
3. Efesios 1:6,12.
VI. Así como Dios ha designado a los elegidos para la gloria,
de la misma manera, por el propósito libre y eterno de su
voluntad, ha preordenado también los medios para ello. (1)
Por tanto, los que son elegidos, habiendo caído en Adán,
son
redimidos por Cristo, (2) y en debido tiempo eficazmente llamados
a la fe en Cristo por el Espíritu Santo; son justificados,
adoptados, santificados, (3) y guardados por su poder, por medio
de la fe, para salvación, (4) Nadie más será redimido
por Cristo, eficazmente llamado, justificado, adoptado, santificado
y salvado, sino solamente los elegidos. (5)
1. 1 Pedro 1:2; Efesios 1:4,5; 2:10; 2 Tesal. 2:13.
2. 1 Tesal. 5:9,10; Tito 2:14.
3. Romanos 8:30; Efesios 1:5; 2 Tesal. 2:13.
4. 1 Pedro 1:5.
5. Juan 17:9; Romanos 8:28-39; Juan 6:64,65; 8:47 y 10:26; 1 Juan
2:19.
VII. Respecto a los demás hombres, Dios ha permitido, según
el consejo inescrutable de su propia voluntad, por el cual otorga
su misericordia o deja de hacerlo según quiere, para
la gloria de su poder soberano sobre todas las criaturas, pasarles
por alto y ordenarlos a deshonra y a ira a causa de sus pecados,
para alabanza de la justicia gloriosa de Dios. (1)
1. Mateo 11:25,26; Romanos 9:17,18,21,22; 2 Timoteo 2:19,20; Judas
4; 1 Pedro 2:8.
VIII. La doctrina de este
alto misterio de la predestinación
debe tratarse con especial prudencia y cuidado, (1) para que los
hombres al atender la voluntad de Dios revelada en su Palabra,
y al ceder obediencia a ella, puedan por la certeza de su llamamiento
eficaz estar seguros de su elección eterna. (2) De esta
manera esta doctrina proporcionará motivos de alabanza,
reverencia y admiración a Dios; (3) y humildad, diligencia
y abundante consuelo a todos los que sinceramente obedecen
al evangelio. (4)
1. Romanos 9:20 y 11:33; Deuteronomio 29:29.
2. 2 Pedro 1:10.
3. Efesios 1:6; Romanos 11:33.
4. Romanos 11:5,6,20 y 8:33; Lucas 10:20; 2 Pedro 1:10.
CAPITULO 4: DE LA CREACION
I. Agrado a Dios Padre,
Hijo y Espíritu Santo, (1) para
la manifestación de la gloria de su poder, sabiduría
y bondad eternas, (2) crear o hacer de la nada, en el principio,
el mundo y todas las cosas que en él están, ya sean
visibles o invisibles, en el lapso de seis días, y todas
muy buenas. (3)
1. Hebreos 1:2; Juan 1:2,3; Génesis 1:2; Job 26:13 y
33:4.
2. Romanos 1:20; Jeremías 10:12; Salmo 104:24; Salmo
33:5,6.
3. (Génesis 1); Hebreos 11:3; Colosenses 1:16; Hechos
17:24.
II. Después que Dios hubo creado todas las demás
criaturas, creo al hombre, varón y hembra, (1) con alma
racional e inmortal, (2) dotados de conocimiento, rectitud y santidad
verdadera, a la imagen de Dios, (3) teniendo la ley de Dios escrita
en su corazón, (4) y capacitados para cumplirla; (5) sin
embargo, con la posibilidad de que la transgredieran dejados a
su libre albedrío que era mutable. (6) Además de
esta ley escrita en su corazón, recibieron el mandato de
no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, y mientras
guardaron este mandamiento, fueron felices, gozando de comunión
con Dios, (7) y teniendo dominio sobre las criaturas. (8)
1. Génesis 1:27.
2. Génesis 2:7 con Eclesiastés 12:7 y Lucas 23:43;
Mateo 10:28.
3. Génesis 1:26; Colosenses 3:10; Efesios 4:24.
4. Romanos 2:14,15.
5. Eclesiastés 7:29.
6. Génesis 3:6; Eclesiastés 7:29.
7. Génesis 2:17; 3:8-11,23.
8. Génesis 1:26,28.
CAPITULO 5: DE LA PROVIDENCIA
I. Dios, el Gran Creador
de todo, sostiene, (1) dirige, dispone, y gobierna a todas las
criaturas, acciones
y cosas, (2) desde la
más grande hasta la más pequeña, (3) por su
sabia y santa providencia, (4) conforme a su presciencia infalible
(5) y al libre e inmutable consejo de su propia voluntad, (6) para
la alabanza de la gloria de su sabiduría, poder, justicia,
bondad y misericordia. (7)
1. Hebreos 1:3.
2. Daniel 4:34,35; Salmos 135:6; Hechos 17:25,26,28; Job 38,39,40
y 41
3. Mateo 10:29,30,31.
4. Proverbios 15:3; Salmos 145:17 y 104:24.
5. Hechos 15:18; Salmos 94:8-11.
6. Efesios 1:11; Salmos 33:10,11.
7. Efesios 3:10; Romanos 9:17; Salmos 145:7; Isaías 63:14;
Génesis 45:7.
II. Aunque con respecto
a la presciencia y decreto de Dios, quien es la primera, todas
las cosas sucederán inmutable e infaliblemente,
(1) sin embargo, por la misma providencia las ha ordenado de tal
manera, que sucederán conforme a la naturaleza de las
causas secundarias, sea necesaria, libre o contingentemente.
(2)
1. Hechos 2:23.
2. Génesis 8:22; Jeremías 31:35; Exodo 21:13 con
Deuteronomio 19:5; 1 Reyes 22:28,34; Isaías 10:6,7.
III. Dios en su providencia
ordinaria hace uso de medios; (1) a pesar de esto, El es libre
para obrar sin
ellos, (2) sobre ellos
(3) y contra ellos, según le plazca. (4)
1. Hechos 27:31,44; Oseas 2:21,22.
2. Oseas 1:7; Mateo 4:4; Job 34:10.
3. Romanos 4:19-21.
4. 2 Reyes 6:6; Daniel 3:27.
IV. El poder todopoderoso,
la sabiduría inescrutable y
la bondad infinita de Dios se manifiestan en su providencia de
tal manera, que esta se extiende aún hasta la primera caída
y a todos los otros pecados de los ángeles y de los hombres,
(1) y esto no solo por un mero permiso, (2) sino que los ha unido
a ella con la más sabia y poderosa atadura, (3) ordenándolos
y gobernándolos en una administración múltiple
para sus propios fines santos; (4) pero de tal modo, que lo
pecaminoso procede solo de la criatura, y no de Dios, quien
siendo justisimo
y santisimo, no es, ni puede ser autor o aprobador del pecado.
(5)
1. Romanos 11:32-34; 2 Samuel 24:1; 1 Crónicas 21:1; 1 Reyes
22:22,23; 1 Crónicas 10:4,13,14: 2 Samuel 16:10; Hechos
2:23; Hechos 4:27,28.
2. Hechos 14:16.
3. Salmos 76:10; 2 Reyes 19:28.
4. Génesis 1:20; Isaías 10:6,7,12.
5. 1 Juan 2:16; Salmos 50:21; Santiago 1:13,14,17.
V. El todo sabio, justo
y benigno Dios, a menudo deja por algún
tiempo a sus hijos en las tentaciones multiformes y en la corrupción
de sus propios corazones, a fin de disciplinarlos por sus pecados
anteriores o para descubrirlos la fuerza oculta de la corrupción
y el doblez de sus corazones, para que sean humildes; (1) y para
infundir en ellos el sentimiento de una dependencia de apoyo más íntima
y constante en El, y para hacerles más precavidos contra
todas las ocasiones futuras del pecado, y para otros muchos
fines santos y justos. (2)
1. 2 Crónicas 32:25,26,31; 2 Samuel 24:1.
2. 2 Corintios 12:7-9; Salmos 73; 77:1,10,12; Marcos 14:66-72 con
Juan 21:15-17.
VI. En cuanto a aquellos
hombres malvados e impíos a quienes
Dios como juez justo ha cegado y endurecido a causa de sus pecados
anteriores, (1) no solo les niega su gracia por la cual podrían
haber alumbrado sus entendimientos y obrado en sus corazones, (2)
sino también algunas veces les retira los dones que ya tenían,
(3) y los expone a cosas como su corrupción, que da ocasión
al pecado, (4) y a la vez les entrega a sus propias concupiscencias,
a las tentaciones del mundo y al poder de Satanás; (5) por
tanto sucede que se endurecen aún bajo los mismos medios
que Dios emplea para suavizar a los demás.
1. Romanos 1:24,26,28 y 11:7,8.
2. Deuteronomio 29:4.
3. Mateo 13:12; Mateo 25:29.
4. Deuteronomio 2:30; 2 Reyes 8:12,13.
5. Salmos 81:11,12; 2 Tesalonicenses 2:10-12.
6. Exodo 7:3; Exodo 8:15,32; 2 Corintios 2:15,16; Isaías
8:14; 1 Pedro 2:7,8; Isaías 6:9,10 con Hechos 28:26,27.
VII. Así como la providencia de Dios alcanza, en general
a todas las criaturas, así también de un modo
especial cuida a su Iglesia y dispone todas las cosas para
el bien de ella.
(1)
1. 1 Timoteo 4:10; Amos 9:8,9; Romanos 8:28; Isaías
43:3-5,14.
CAPITULO 6: DE LA CAIDA DEL HOMBRE, DEL PECADO Y DE SU CASTIGO
I. Nuestros primeros padres,
seducidos por la sutileza y tentación
de Satanás, pecaron al comer del fruto prohibido. (1) Quiso
Dios, conforme a su sabio y santo propósito, permitir
este pecado habiendo propuesto ordenarlo para su propia gloria.
(2)
1. Génesis 3:13; 2 Corintios 11:3.
2. Romanos 11:32.
II. Por este pecado cayeron
de su rectitud original y perdieron la comunión con Dios,
(1) y por tanto quedaron muertos en el pecado, (2) y totalmente
corrompidos en
todas las facultades
y partes del alma y del cuerpo. (3)
1. Génesis 3:6-8; Eclesiastés 7:29; Romanos 3:23.
2. Génesis 2:17; Efesios 2:1.
3. Tito 1:15; Génesis 6:5; Jeremías 17:9; Romanos
3:10-18.
III. Siendo ellos el tronco
de la raza humana, la culpa de este pecado les fue imputada,
(1) y la misma muerte
en el pecado y la
naturaleza corrompida se transmitieron a la posteridad que
desciende de ellos según la generación ordinaria.
(2)
1. Hechos 17:26 con Romanos 5:12, 15-19 y 1 Corintios 15:21,22,49;
Génesis 1:27,28; Génesis 2:16,17.
2. Salmos 51:5; Génesis 5:3; Job 14:4 y 15:14.
IV. De esta corrupción
original, por la cual estamos completamente impedidos, incapaces
y opuestos
a todo bien, (1)
y enteramente
inclinados a todo mal, (2) proceden todas nuestras transgresiones
actuales. (3)
1. Romanos 5:6, 8:7 y 7:18; Colosenses 1:21.
2. Génesis 6:5; Génesis 8:21; Romanos 3:10-12.
3. Santiago 1:14,15; Mateo 15:19; Efesios 2:2,3.
V. Esta corrupción
de naturaleza permanece durante esta vida en aquellos que son
regenerados;
(1) y, aun cuando sea perdonada
y amortiguada por medio de la fe en Cristo, sin embargo,
ella, y todos los efectos de ella, son verdadera y propiamente
pecado.
(2)
1. 1 Juan 1:8,10; Romanos 7:14,17,18,23; Santiago 3:2; Proverbios
20:9; Eclesiastés 7:20.
2. Romanos 7:5,7,8,25; Gálatas 5:17.
VI. Todo pecado, ya sea
original o actual, siendo una transgresión
de la justa ley de Dios y contrario a ella, (1) por su propia naturaleza
trae culpabilidad sobre el pecador, (2) por lo que este queda bajo
la ira de Dios, (3) y de la maldición de la ley, (4)
y por lo tanto sujeto a la muerte, (5) con todas las miserias
espirituales,
(6) temporales (7) y eternas. (8)
1. 1 Juan 3:4.
2. Romanos 2:15; Romanos 3:9,19.
3. Efesios 2:3.
4. Gálatas 3:10.
5. Romanos 6:23.
6. Efesios 4:18.
7. Lamentaciones 3:39; Romanos 7:20.
8. Mateo 25:41; 2 Tesalonisenses 1:9.
CAPITULO 7: DEL PACTO DE DIOS CON EL HOMBRE
I. La distancia entre Dios
y la criatura es tan grande, que aún
cuando las criaturas racionales le deben obediencia como a su Creador,
sin embargo, ellas no podrán nunca tener plenitud con El
como su bienaventuranza o galardón, si no es por alguna
condescendencia voluntaria por parte de Dios, habiéndole
placido a Este expresarla por medio de su pacto. (1)
1. Job 9:32,33; Salmos 113:5,6; Hechos 17:24,25; Isaías
40:13-17; 1 Samuel 2:25; Salmos 100:2,3; Job 22:2,3; Job 35:7,8;
Lucas 17:10.
II. El primer pacto hecho
con el hombre fue un pacto de obras, (1) en el que se prometía la vida a Adán, y en éste
a su posteridad, (2) bajo la condición de una obediencia
personal perfecta. (3)
1. Gálatas 3:12.
2. Romanos 10:5; 5:12-20.
3. Génesis 2:17; Gálatas 3:10.
III. El hombre, por su caída, se hizo incapaz para la vida
que tenía mediante aquel pacto, por lo que agrado a Dios
hacer un segundo pacto, (1) llamado comúnmente el Pacto
de gracia, según el cual Dios ofrece libremente a los pecadores
vida y salvación por Cristo, exigiéndoles la fe en
EL para que puedan ser salvos, (2) y prometiendo dar su Espíritu
Santo a todos aquellos que ha ordenado para vida, dándoles
así voluntad y capacidad para creer.(3)
1. Gálatas 3:21; Romanos 8:3; Romanos 3:20,21; Isaías
42:6; Génesis 3:15.
2. Marcos 16:15,16; Juan 3:16; Romanos 10:6;9; Gálatas
3:11.
3. Ezequiel 36:26,27; Juan 6:44,45.
IV. Este pacto de gracia
se propone con frecuencia en las Escrituras con el nombre de
un testamento,
con referencia a la muerte de Jesucristo
el testador, y a la herencia eterna con todas las cosas que
a ésta
pertenecen y están legadas en este pacto. (1)
1. Hebreos 9:15-17 y 7:22; Lucas 22:20; 1 Corintios 11:25.
V. Este pacto era ministrado
de un modo diferente en el tiempo de la ley y en el del Evangelio.
(1) Bajo
la ley se ministraba
por promesas, profecías, sacrificios, la circuncisión,
el cordero pascal y otros tipos y ordenanzas entregados al pueblo
judío; y todos señalaban al Cristo que había
de venir, y (2) eran suficientes y eficaces en aquel tiempo por
la operación del Espíritu Santo, para instruir y
edificar a los elegidos en fe en el Mesías prometido, (3)
por quien tenían plena remisión de pecado y salvación
eterna. A este pacto se le llama el Antiguo Testamento. (4)
1. 2 Corintios 3:6-9.
2. Hebreos caps. 8, 9 y 10; Romanos 4:11; Colosenses 2:11,12; 1
Corintios 5:7.
3. 1 Corintios 10:1-4; Hebreos 11:13; Juan 8:56.
4. Gálatas 3:7,8,9,14.
VI. Bajo el Evangelio, cuando
Cristo la sustancia fue manifestado, (1) las ordenanzas por las
cuales
se ministra este pacto son: la
predicación de la Palabra, la administración de los
sacramentos del Bautismo y de la Cena del Señor; (2) y aún
cuando son menos en número y ministradas con más
sencillez y menos gloria exterior, sin embargo, en ellas el pacto
se muestra a todas las naciones, así a los judíos
como a los gentiles, (3) con más plenitud, evidencia
y eficacia espiritual, (4) y se le llama el Nuevo Testamento.
(5) Con todo,
no hay dos pactos de gracia diferentes en sustancia, sino uno
y el mismo bajo diversas dispensaciones. (6)
1. Colosenses 2:17.
2. Mateo 28:19,20; 1 Corintios 11:23-25.
3. Mateo 28:19; Efesios 2:15-19.
4. Hebreos 12:22-27; Jeremías 31:33,34.
5. Lucas 22:20.
6. Gálatas 3:14,16; Hechos 15:11; Romanos 3:21,22,23
y 30; Salmos 32:1 con Romanos 4:3,6,16,17,23 y 24; Hebreos
13:8.
CAPITULO 8: DE CRISTO, EL MEDIADOR
I. Agrado a Dios en su propósito eterno, escoger y ordenar
al Señor Jesús, su unigénito Hijo, para
que fuera el Mediador entre Dios y el hombre; (1) Profeta,
(2) Sacerdote
(3) y Rey; (4) el Salvador y Cabeza de su Iglesia; (5) el Heredero
de todas las cosas, (6) y Juez de todo el mundo; (7) desde
la eternidad le dio Dios un pueblo que fuera su simiente (8)
y para que, a debido
tiempo, lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara.
(9)
1. Isaías 42:1; 1 Pedro 1:19,20; Juan 3:16; 1 Timoteo
2:5.
2. Hechos 3:22.
3. Hebreos 5:5,6.
4. Salmos 2:6; Lucas 1:33.
5. Efesios 5:23.
6. Hebreos 1:2.
7. Hechos 17:31.
8. Juan 17:6; Salmos 22:30; Isaías 53:10.
9. 1 Timoteo 2:6; Isaías 55:4,5; 1 Corintios 1:30.
II. El Hijo de Dios, la
segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios,
igual y de una
sustancia con el Padre,
habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomo sobre si la naturaleza
humana (1) con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades
comunes, mas sin pecado. (2) Fue concebido por el poder del
Espíritu
Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia
de ella. (3) Así que, dos naturalezas completas, perfectas
y distintas, la divina y humana, se unieron inseparablemente en
una persona, pero sin conversión composición o confusión
alguna. (4) Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre,
un solo Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre
(5).
1. Juan 1:1,14; 1 Juan 5:20; Filipenses 2:6; Gálatas
4:4.
2. Hebreos 2:14,16,17 y 4:15.
3. Lucas 1:27,31,35; Gálatas 4:4.
4. Lucas 1:35; Colosenses 2:9; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro
3:18.
5. Romanos 1:3,4; 1 Timoteo 2:5.
III. El Señor Jesús, en su naturaleza humana unida
así a la divina, fue ungido y santificado con el Espíritu
Santo sobre toda medida, (1) y posee todos los tesoros de la sabiduría
y del conocimiento, (2) pues agrado al Padre que en él habitase
toda plenitud, (3) a fin de que siendo santo, inocente, inmaculado,
lleno de gracia y de verdad, (4) fuese del todo apto para desempeñar
el oficio de un mediador y fiador. (5) Cristo no tomo por si mismo
este oficio, sino que fue llamado para ello por su Padre, (6) quien
puso en sus manos todo juicio y poder, y le mando que desempeñara
tal oficio. (7)
1. Salmos 45:7; Juan 3:34.
2. Colosenses 2:3.
3. Colosenses 1:19.
4. Hebreos 7:26 y Juan 1:14
5. Hechos 10:38; Hebreos 12:24 y 7:22.
6. Hebreos 5:4,5
7. Juan 5:22,27; Mateo 28:18; Hechos 2:36.
IV. El Señor Jesús, con la mayor voluntad tomo para
si este oficio, (1) y para desempeñarlo, fue puesto bajo
la ley, (2) la que cumplió perfectamente; (3) padeció los
más crueles tormentos directamente en su alma (4) y los
más dolorosos sufrimientos en su cuerpo; (5) fue crucificado
y murió, (6) fue sepultado y permaneció bajo el poder
de la muerte, aun cuando no vio corrupción. (7) Al tercer
día se levanto de entre los muertos (8) con el mismo cuerpo
que tenía cuando sufrió, (9) con el cual también
ascendio al cielo y allí está sentado a la diestra
del padre, (10) intercediendo, (11) y cuando sea el fin del mundo
volverá para juzgar a los hombres y a los ángeles.
(12)
1. Salmos 40:7,8 con Hebreos 10:5,10; Filipenses 2:8; Juan 10:18.
2. Gálatas 4:4.
3. Mateo 3:15 y 5:17.
4. Mateo 26:37,38 y 27:46; Lucas 22:44.
5. Mateo 26,27.
6. Filipenses 2:8.
7. Hechos 2:23,24,27 y 13:37; Romanos 6:9.
8. 1 Corintios 15:3,4.
9. Juan 20:25,27.
10. Marcos 16:19.
11. Romanos 8:34; Hebreos 9:24 y Hebreos 7:25.
12. Romanos 14:9,10; Hechos 1:11 y 10:42; Mateo 13:40-42; Judas
6; 2 Pedro 2:4.
V. El Señor Jesucristo, por su perfecta obediencia y por
el sacrificio de si mismo que ofreció una sola vez por el
Espíritu eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia
de su Padre, (1) y compro para aquellos que éste le había
dado, no solo la reconciliación, sino también
una herencia eterna en el reino de los cielos. (2)
1. Romanos 5:19 y 3:25,26; Hebreos 9:14,16 y 10:14; Efesios 5:2.
2. Efesios 1:11,14; Juan 17:2; Hebreos 9:12,15; Daniel 9:24,26;
Colosenses 1:19,20.
VI. Aún cuando la obra de la redención no fue consumada
por Cristo sino hasta después de su encarnación,
sin embargo, la virtud, la eficacia y los beneficios de ella, fueron
comunicados a los elegidos en todas las épocas transcurridas
desde el principio del mundo en y por medio de las promesas, tipos
y sacrificios, en los cuales Cristo fue revelado y señalado
como la simiente de la mujer que heriría a la serpiente
en la cabeza, y como el cordero inmolado desde el principio del
mundo, siendo él, el mismo ayer, hoy y siempre. (1)
1. Gálatas 4:4,5; Génesis 3:15; Apocalipsis 13:8;
Hebreos 13:8.
VII. Cristo en la obra de
mediación, actúa conforme
a ambas naturalezas, haciendo por medio de cada naturaleza lo que
es propio de ella; (1) aunque por razón de la unidad
de la persona, lo que es propio de una naturaleza, algunas
veces se
atribuye en la Escritura a la persona dominada por la otra
naturaleza. (2)
1. 1 Pedro 3:18; Hebreos 9:14.
2. Hechos 20:28; Juan 3:13; 1 Juan 3:16.
VIII. A todos aquellos para
quienes Cristo compro redención,
les aplica y comunica cierta y eficazmente la misma; (1) intercediendo
por ellos (2) revelándolos en la palabra y por medio de
ella los misterios de la salvación; (3) persuadiéndoles
eficazmente por su Espíritu a creer y a obedecer; y gobernando
sus corazones por su palabra y Espíritu, (4) venciendo a
todos sus enemigos por su gran poder y sabiduría, de tal
manera y forma que sea más de acuerdo con su maravillosa
e inescrutable dispensación. (5)
1. Juan 6:37,39 y 10:15,16.
2. 1 Juan 2:1,2; Romanos 8:34.
3. Juan 15:13,15 y 17:6; Efesios 1:7-9.
4. 2 Corintios 4:13; Romanos 8:9,14; Romanos 15:18,19; Juan 17:17
y 14:16.
5. Salmos 110:1; 1 Corintios 15:25,26; Malaquías 4:2,3;
Colosenses 2:15.
CAPITULO 9: DEL LIBRE ALBEDRIO
I. Dios ha dotado a la voluntad del hombre con aquella libertad
natural, que no es forzada ni determinada hacia el bien o hacia
el mal, por ninguna necesidad absoluta de la naturaleza. (1)
1. Mateo 17:12; Santiago 1:14; Deuteronomio 30:19.
II. El hombre en su estado
de inocencia, tenía libertad
y poder para querer y hacer lo que es bueno y agradable a Dios,
(1) sin embargo era mutable y podía caer de dicho estado.
(2)
1. Eclesiastés 7:29; Génesis 1:26.
2. Génesis 2:16,17 y 3:6.
III. El hombre, por su caída a un estado de pecado, ha
perdido absolutamente toda capacidad para querer algún bien
espiritual que acompañe a la salvación; (1) por tanto
como hombre natural, que está enteramente opuesto a ese
bien (2) y muerto en el pecado, (3) no puede por su propia fuerza
convertirse a si mismo o prepararse para la conversión.
(4)
1. Romanos 5:6 y 8:7; Juan 15:5.
2. Romanos 3:10,12.
3. Efesios 2:1,5; Colosenses 2:13.
4. Juan 6:44,65; 1 Corintios 2:14; Efesios 2:2-5; Tito 3:3-5.
IV. Cuando Dios convierte
a un pecador y le traslada al estado de gracia, le libra de su
estado de servidumbre
natural bajo el
pecado, (1) y por su sola gracia lo capacita para querer y
obrar libremente lo que es espiritualmente bueno; (2) a pesar
de eso,
sin embargo, por razón de su corrupción que aún
queda, el converso no sola ni perfectamente quiere lo que es bueno,
sino quiere también lo que es malo. (3)
1. Colosenses 1:13; Juan 8:34,36.
2. Filipenses 2:13; Romanos 6:18,22.
3. Gálatas 5:17; Romanos 7:15,18,19,21,23.
V. La voluntad del hombre
es hecha perfecta e inmutablemente libre para hacer tan solo
lo que es bueno, únicamente
en el estado de la gloria. (1)
1. Efesios 4:13; Judas 24; Hebreos 12:23; 1 Juan 3:2.
CAPITULO 10: DEL LLAMAMIENTO EFICAZ
I. A todos aquellos a quienes
Dios ha predestinado para vida, y a ellos solamente, le agrada
en su tiempo señalado y aceptado,
llamar eficazmente (1) por su palabra y Espíritu, (2) fuera
del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza,
a la gracia y salvación por Jesucristo; (3) iluminando espiritual
y salvadoramente su entendimiento, a fin de que comprendan las
cosas de Dios; (4) quitándoles el corazón de piedra
y dándoles uno de carne; (5) renovando sus voluntades y
por su potencia todopoderoso, induciéndoles hacia aquello
que es bueno, (6) y trayéndoles eficazmente a Jesucristo;
(7) de tal manera que ellos vienen con absoluta libertad, habiendo
recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo. (8)
1. Romanos 8:30 y 11:7; Efesios 1:10,11.
2. 2 Tesalonicenses 2:13,14; 2 Corintios 3:3,6.
3. Romanos 8:2; 2 Timoteo 1:9,10; Efesios 2:1-5.
4. Hechos 26:18; 1 Corintios 2:10,12; Efesios 1:17,18.
5. Ezequiel 36:26.
6. Ezequiel 11:19; Filipenses 2:13; Deuteronomio 30:6; Ezequiel
36:27.
7. Efesios 1:19; Juan 6:44,45.
8. Cantares 1:4; Salmos 110:3; Juan 6:37; Romanos 6:16-18.
II. Este llamamiento eficaz
es solamente de la libre y especial gracia de Dios y de ninguna
otra cosa
prevista en el hombre; (1)
el cual es en esto enteramente pasivo, hasta que siendo vivificado
y renovado por el Espíritu Santo, (2), es capacitado por
medio de esto para responder a este llamamiento y para recibir
la gracia ofrecida y trasmitida en él. (3)
1. 2 Timoteo 1:9; Tito 3:4,5; Romanos 9:11; Efesios 2:4,5,8,9.
2. 1 Corintios 2:14; Romanos 8:7; Efesios 2:5.
3. Juan 6:37; Ezequiel 36:27; Juan 5:25.
III. Los niños elegidos que mueren en la infancia, son
regenerados y salvados por Cristo por medio del Espíritu,
(1) quien obra cuando, donde y como quiere. (2) En la misma condición
están todas las personas elegidas que sean incapaces
de ser llamadas externamente por el ministerio de la palabra.
(3)
1. Lucas 18:15,16; Hechos 2:38,39; Juan 3:3,5; 1 Juan 5:12; Romanos
8:9 (comparados).
2. Juan 3:8.
3. 1 Juan 5:12; Hechos 4:12.
IV. Los otros no elegidos,
aunque sean llamados por el ministerio de la palabra (1) y tengan
algunas de las operaciones
comunes del
Espíritu, (2) sin embargo nunca vienen verdaderamente a
Cristo, y por lo tanto no pueden ser salvos; (3) mucho menos pueden
los hombres que no profesan la religión cristiana ser salvos
de otra manera, aun cuando sean diligentes en ajustar sus vidas
a la luz de la naturaleza y a la ley de la religión que
profesan; (4) y el afirmar y sostener que lo pueden lograr así,
es muy pernicioso y detestable. (5)
1. Mateo 22:14.
2. Mateo 7:22 y 13:20,21; Hebreos 6:4,5.
3. Juan 6:64-66 y 8::24.
4. Hechos 4:12; Juan 14:6; Efesios 2:12; Juan 4:22 y 17:3.
5. 2 Juan 9-11; 1 Corintios 16:22; Gálatas 1:6-8.
CAPITULO 11: DE LA JUSTIFICACION
I. A los que Dios llama
de una manera eficaz, también justifica
gratuitamente, (1) no infundiendo justicia en ellos sino perdonándolos
sus pecados, y contando y aceptando sus personas como justas; no
por algo obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por
causa de Cristo; no por imputarles la fe misma, ni el acto de creer,
ni alguna otra obediencia evangélica como su justicia, sino
imputándoles la obediencia y satisfacción de
Cristo (2) y ellos por la fe, le reciben y descansan en el
y en su justicia.
Esta fe no la tienen de ellos mismos. Es un donde e Dios. (3)
1. Romanos 8:30 y 3:24.
2. Romanos 4:5-8; 2 Corintios 5:19,21; Romanos 3:22,24,25,27,28;
Tito 3:5,7; Efesios 1:7; Jeremías 23:6; 1 Corintios
1:30,31; Romanos 5:17-19.
3. Hechos 10:44; Gálatas 2:16; Filipenses 3:9; Hechos
13:38,39; Efesios 2:7,8.
II. La fe, que así recibe a Cristo y descansa en El y en
su justicia, es el único instrumento de justificación;
(1) aunque no está sola en la persona justificada, sino
que siempre va acompañada por todas las otras gracias
salvadoras, y no es fe muerta, sino que obra por amor. (2)
1. Juan 1:12; Romanos 3:28 y 5:1.
2. Santiago 2:17,22,26; Gálatas 5:6.
III. Cristo, por su obediencia
y muerte, saldo totalmente la deuda de todos aquellos que así son justificados, e hizo una apropiada,
real y completa satisfacción a la justicia de su Padre en
favor de ellos. (1) Sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por
el Padre para los justificados (2) y su obediencia y satisfacción
fueron aceptadas en su lugar, (3) y ambas gratuitamente; no porque
hubiera alguna cosa en ellos, su justificación es solamente
de pura gracia; (4) para que las dos, la exacta justicia y la rica
gracia de Dios, puedan ser glorificadas en la justificación
de los pecadores. (5)
1. Romanos 5:8-10,19; 1 Timoteo 2:5,6; Hebreos 10:10,14; Daniel
9:24,26; Isaías 53:4-6, 10-12.
2. Romanos 8:32.
3. 2 Corintios 5:21; Mateo 3:17; Efesios 5:2.
4. Romanos 3:24; Efesios 1:7.
5. Romanos 3:26; Efesios 2:7.
IV. Desde la eternidad,
Dios decreto justificar a todos los elegidos; (1) y en el cumplimiento
del tiempo, Cristo
murió por sus
pecados, y resucito para su justificación. (2) Sin embargo,
ellos no son justificados sino hasta que Cristo les es realmente
aplicado, por el Espíritu Santo, en el debido tiempo.
(3)
1. Gálatas 3:8; 1 Pedro 1:2,19,20; Romanos 8:30.
2. Gálatas 4:4; 1 Timoteo 2:6; Romanos 4:25.
3. Colosenses 1:21,22; Gálatas 2:16; Tito 3:4-7.
V. Dios continua perdonando
los pecados de aquellos que son justificados; (1) y aunque ellos
nunca pueden
caer del estado
de justificación,
(2) sin embargo pueden, por sus pecados, caer bajo el desagrado
paternal de Dios y no tener la luz de su rostro restaurada sobre
ellos hasta que se humillen, confiesen sus pecados, pidan perdón
y renueven su fe y su arrepentimiento. (3)
1. Mateo 6:12; 1 Juan 1:7,9 y 2:1,2.
2. Lucas 22:32; Juan 10:28; Hebreos 10:14.
3. Salmos 89:31-33; 51:7-12 y 32:5; Mateo 26:75; 1 Corintios 11:30,32;
Lucas 1:20.
VI. La justificación de los creyentes bajo el Antiguo Testamento
era, en todos estos respectos, una y la misma con la justificación
de los creyentes bajo el Nuevo Testamento. (1)
1. Gálatas 3:9,13,14; Romanos 4:22-24; Hebreos 13:8.
CAPITULO 12: DE LA ADOPCION
Dios se digna conceder a
todos aquellos que son justificados en y por su único Hijo Jesucristo, que sean participes de la
gracia y adopción: (1) por la cual ellos son contados dentro
del número, y gozan de las libertades y privilegios de los
hijos de Dios; (2) están marcados con su nombre, (3) reciben
el espíritu de adopción; (4) tienen acceso confiadamente
al trono de la gracia; (5) están capacitados para clamar,
Abba, Padre; (6) son compadecidos, (7) protegidos, (8) proveídos,
(9) y corregidos por el como por un padre; (10) sin embargo, nunca
desechados, (11) sino sellados para el día de la redención,
(12) y heredan las promesas, (13) como herederos de salvación
eterna. (14)
1. Efesios 1:5; Gálatas 4:4,5.
2. Romanos 8:17; Juan 1:12.
3. Jeremías 14:9, 2 Corintios 6:18; Apocalipsis 3:12.
4. Romanos 8:15.
5. Efesios 3:12; Romanos 5:2.
6. Gálatas 4:6.
7. Salmos 103:13.
8. Proverbios 14:26.
9. Mateo 6:30,32; 1 Pedro 5:7.
10. Hebreos 12:6.
11. Lamentaciones 3:31.
12. Efesios 4:30.
13. Hebreos 6:12.
14. 1 Pedro 1:3,4; Hebreos 1:1
CAPITULO 13: LA SANTIFICACION
I. Aquellos que son llamados
eficazmente y regenerados, teniendo creados un nuevo corazón y un nuevo espíritu en ellos,
son además santificados real y personalmente por medio de
la virtud de la muerte y la resurrección de Cristo, (1)
por su Palabra y Espíritu que mora en ellos; (2) el dominio
del pecado sobre el cuerpo entero es destruido, (3) y las diversas
concupiscencia de él son debilitadas y mortificadas más
y más, (4) y los llamados son más y más fortalecidos
y vivificados en todas las gracias salvadoras, (5) para la práctica
de la verdadera santidad, sin la cual ningún hombre verá al
Señor. (6)
1. 1 Corintios 6:11; Hechos 20:32; Filipenses 3:10; Romanos 6:5,6.
2. Juan 17:17; Efesios 5:26; 2 Tesalonisenses 2:13.
3. Romanos 6:6,14.
4. Gálatas 5:24; Romanos 8:13.
5. Colosenses 1:11; Efesios 3:16-19.
6. 2 Corintios 7:1; Hebreos 12:14.
II. Esta santificación se efectúa en todo hombre,
(1) aunque es incompleta en esta vida. Todavía quedan algunos
remanentes de corrupción en todas partes, (2) de donde surge
una continua e irreconciliable batalla; la carne lucha contra el
Espíritu, y el Espíritu contra la carne. (3)
1. 1 Tesalonicenses 5:23.
2. 1 Juan 1:10; Romanos 7:18,23; Filipenses 3:12.
3. Gálatas 5:17; 1 Pedro 2:11.
III. En dicha batalla, aunque
la corrupción que aún
queda puede prevalecer mucho por algún tiempo, (1) sin embargo,
a través del continuo suministro de fuerza de parte del
Espíritu Santificador de Cristo, la parte regenerada triunfa:
(2) y así crecen en gracia los santos, (3) perfeccionando
la santidad en el temor de Dios. (4)
1. Romanos 7:23.
2. Romanos 6:14; 1 Juan 5:4; Efesios 4:15,16.
3. 2 Pedro 3:18; 2 Corintios 3:18.
4. 2 Corintios 7:1.
CAPITULO 14: DE LA FE SALVADORA
I. La gracia de la fe, por
la cual se capacita a los elegidos para creer para la salvación de sus almas, (1) es la obra
del Espíritu de Cristo en sus corazones, (2) y es hecha
ordinariamente por el ministerio de la palabra; (3) también
por la cual, y por la administración de los sacramentos
y por la oración, se aumenta y se fortalece. (4)
1. Hebreos 10:39
2. 2 Corintios 4:13; Efesios 1:17-19; 2:8.
3. Romanos 10:14,17
4. 1 Pedro 2:2; Hechos 20:32; Romanos 4:11; Lucas 17:5; Romanos
1:16,17
II. Por esta fe, un cristiano
cree que es verdadera cualquier cosa revelada en la Palabra,
porque la autoridad
de Dios mismo
habla en ella; (1) y esta fe actúa de manera diferente sobre
aquello que contiene cada pasaje en particular; produciendo obediencia
hacia los mandamientos, (2) temblor ante las amenazas, (3) y abrazando
las promesas de Dios para esta vida y para la que ha de venir.
(4) Pero los principales hechos de la fe salvadora son: aceptar,
recibir y descansar sólo en Cristo para la justificación,
santificación y vida eterna, por virtud del pacto de
gracia. (5)
1. Juan 4:42; 1 Tesal. 2:13; 1 Juan 5:10; Hechos 24:14.
2. Romanos 16:26.
3. Isaías 66:2.
4. Hebreos 11:13; 1 Timoteo 4:8.
5. Juan 1:12; Hechos 26:31; Gálatas 2:20; Hechos 15:11.
III. Esta fe es diferente
en grados: débil o fuerte; (1)
puede ser atacada y debilitada frecuentemente y de muchas maneras,
pero resulta victoriosa; (2) creciendo en muchos hasta obtener
la completa seguridad a través de Cristo, (3) quien
es tanto el autor como el consumador de nuestra fe. (4)
1. Hebreos 5:13,14; Romanos 4:19,20; Mateo 6:30, 8:10.
2. Lucas 22:31,32; Efesios 6:16; 1 Juan 5:4,5.
3. Hebreos 6:11,12; 10:22; Colosenses 2:2.
4. Hebreos 12:2.
CAPITULO 15: DEL ARREPENTIMIENTO PARA VIDA
I. El arrepentimiento para
vida es una gracia evangélica,
(1) y esta doctrina referente a ella debe ser predicada por
cada ministro del Evangelio, tanto como la de fe en Cristo. (2)
1. Hechos 11:18; Zacarías 12:10.
2. Lucas 24:47; Marcos 1:15; Hechos 20:21.
II. Al arrepentirse, un
pecador se aflige por sus pecados y los odia, movido no sólo por la vista y el sentimiento del peligro,
sino también por lo inmundo y odioso de ellos que son contrarios
a la santa naturaleza y a la justa ley de Dios. Y al comprender
la misericordia de Dios en Cristo para los que están arrepentidos,
se aflige y odia sus pecados, de manera que se vuelve de todos
ellos hacia Dios, (1) proponiéndose y esforzándose
para andar con él en todos los caminos de sus mandamientos.
(2)
1. Ezequiel 18:30,31 y 36:31; Isaías 30:22; Salmos 51:4;
Jeremías 31:18,19; Joel 2:12,13; Amós 5:15; Salmos
119:128; 2 Corintios 7:11.
2. Salmos 119:6,59,106; Lucas 1:6; 2 Reyes 23:25.
III. Aún cuando no debe confiarse en el arrepentimiento
como una satisfacción por el pecado o una causa de perdón
para este, (1) ya que el perdón es un acto de la pura gracia
de Dios en Cristo; (2) sin embargo, es de tanta necesidad para
todos los pecadores que ninguno puede esperar perdón
sin arrepentimiento. (3).
1. Ezequiel 36:31,32 y 16:61-63.
2. Oseas 14:2,4; Romanos 3:24; Efesios 1:7.
3. Lucas 13:3,5; Hechos 17:30,31.
IV. Así como no hay pecado tan pequeño que no merezca
la condenación, (1) así tampoco ningún
pecado es tan grande que pueda condenar a los que se arrepienten
verdaderamente.
1. Romanos 6:23 y 5:12; Mateo 12:36.
2. Isaías 55:7 y 1:16,18; Romanos 8:1.
V. Los hombres no deben
quedar satisfechos con un arrepentimiento general de sus pecados,
sino que es el
deber de todo hombre procurar
arrepentirse específicamente de sus pecados específicos.
(1)
1. Salmos 19:13; Lucas 19:8; 1 Timoteo 1:13,15.
VI. Todo hombre está obligado a confesar privadamente sus
pecados a Dios, orando por el perdón de ellos; (1) al confesarlos
y al apartarse de ellos hallará misericordia. (2) Así también
el que escandaliza a su hermano o a la Iglesia de Cristo, debe
estar dispuesto a declarar su arrepentimiento a los ofendidos,
(3) por medio de una confesión pública o privada,
con tristeza por su pecado. Los ofendidos deberán entonces
reconciliarse con él y recibirlo en amor. (4)
1. Salmos 32:5,6; 51:4,5,7,9,14.
2. Proverbios 28:13; 1 Juan 1:9.
3. Santiago 5:16; Lucas 17:3,4; Josué 7:19; Salmos 51.
4. 2 Corintios 2:8.
CAPITULO 16: DE LAS BUENAS OBRAS
I. Las buenas obras son
solamente las que Dios ha ordenado en su Santa Palabra (1) y
no las que, sin ninguna
autoridad para ello,
han imaginado los hombres por un fervor ciego o con cualquier
pretexto de buena intención. (2)
1. Miqueas 6:8; Romanos 12:2; Hebreos 13:21.
2. Mateo 15:9; Isaías 29:13; 1 Pedro 1:18; Romanos 10:2;
Juan 16:2; 1 Samuel 15:21-23.
II. Estas buenas obras,
hechas en obediencia a los mandamientos de Dios, son los frutos
y evidencias de una
fe viva y verdadera;
(1) y por ellas manifiestan los creyentes su gratitud, (2)
fortalecen su seguridad, (3) edifican a sus hermanos, (4) adoran
la profesión
del evangelio, (5) tapan la boca de los adversarios, (6) y glorifican
a Dios; (7) pues los creyentes hechura de él, creados en
Cristo Jesús para buenas obras, (8) para que teniendo por
fruto la santificación, tengan como fin la vida eterna.
(9)
1. Santiago 2:18,22.
2, Salmos 116:12,13; 1 Pedro 2:9.
3. 1 Juan 2:3,5; 2 Pedro 1:5-10.
4. 2 Corintios 9:2; Mateo 5:16.
5. Tito 2:5; 1 Timoteo 6:1; Tito 2:5, 9-12.
6. 1 Pedro 2:15.
7. 1 Pedro 2;12; Filipenses 1:11; Juan 15:8.
8. Efesios 2:10.
9. Romanos 6:22.
III. La capacidad que tienen
los creyentes para hacer buenas obras, no es de ellos en ninguna
manera, sino
completamente del
Espíritu
de Cristo. (1) Y para que ellos puedan tener esta capacidad, además
de las gracias que han recibido se necesita la influencia efectiva
del mismo Espíritu Santo para obrar en ellos tanto el querer
como el hacer por su buena voluntad; (2) sin embargo, ellos no
deben degenerar en negligentes, como si no estuviesen obligados
a obrar aparte de un impulso especial del Espíritu, sino
que deben ser diligentes en avivar la gracia de Dios que está en
ellos. (3)
1. Juan 15:4-6; Ezequiel 36:26,27.
2. Filipenses 2:13 y 4:13; 2 Corintios 3:5.
3. Filipenses 2:12; Hebreos 6:11,12; Isaías 64:7; 2
Pedro 1:3,5,10,11; 2 Timoteo 1:6; Hechos 26:6,7; Judas 20:21.
IV. Quienes en su obediencia
alcanzan la mayor altura de perfección
que es posible en esta vida, quedan todavía tan lejos de
llegar a un grado supererogatorio, y de hacer más de
lo que Dios requiere, que les falta mucho en lo que por deber
tienen
que hacer. (1)
1. Lucas 17:10; Nehemías 13:22; Job 9:2,3; Gálatas
5:17.
V. Nosotros no podemos,
por nuestras mejores obras, merecer el perdón del pecado o la vida eterna de la mano de Dios; a
causa de la gran desproporción que existe entre nuestras
obras y la gloria que ha de venir, y por la distancia infinita
que hay entre nosotros y Dios, a quien no podemos beneficiar por
dichas obras, ni satisfacer la deuda de nuestros pecados anteriores;
(1) pero cuando hemos hecho todo lo que podemos, no hemos hecho
más que nuestro deber y somos siervos inútiles; (2)
y además nuestras obras son buenas porque proceden de su
Espíritu; (3) y por cuanto son hechas por nosotros, son
impuras y contaminadas con tanta debilidad e imperfección,
que no pueden soportar la severidad del juicio de Dios. (4)
1. Romanos 3:20 y 4:2,4,6; Efesios 2:8,9; Salmos 16:2; Tito 3:5-7;
Romanos 8:18; Job 22:23 y 35:7,8.
2. Lucas 17:10.
3. Gálatas 5:22,23.
4. Isaías 64:6; Salmos 143:2 y 130:3; Gálatas
5:17; Romanos 7:15;18.
VI. Sin embargo, a pesar
de lo anterior, siendo aceptadas las personas de los creyentes
por medio de Cristo,
sus buenas obras
también son aceptadas en EL; (1) no como si fueran en esta
vida enteramente irreprochables e irreprensibles a la vista de
Dios; (2) sino que a EL, mirándolas en su Hijo, le place
aceptar y recompensar lo que es sincero aun cuando sea acompañado
de muchas debilidades e imperfecciones. (3)
1. Efesios 1:6; 1 Pedro 2:5; Exodo 28:38; Génesis 4:4
con Hebreos 11:4.
2. Job 9:20; Salmos 143:2.
3. 2 Corintios 8:12; Hebreos 13:201,32 y 6:10; Mateo 25:21,23.
VII. Las obras hechas por
hombres no regenerados, aún cuando
por su esencia puedan ser cosas que Dios ordena, y de utilidad
tanto para ellos como para otros, (1) sin embargo, porque proceden
de un corazón no purificado por la fe (2) y no son hechas
en la manera correcta de acuerdo con la Palabra, (3) ni para un
fin correcto, (la gloria de Dios); (4) por lo tanto son pecaminosas,
y no pueden agradar a Dios ni hacer a un hombre digno de recibir
la gracia de parte de Dios. (5) Y a pesar de esto el descuido de
las obras por parte de los no regenerados es más pecaminoso
y desagradable a Dios. (6)
1. 2 Reyes 10:30,31; 1 Reyes 21:27,29; Filipenses 1:15,16,18.
2. Hebreos 11:4,6 comp. con Génesis 4:3-5.
3. 1 Corintios 13:3; Isaías 1:12.
4. Mateo 6:2,5,16.
5. Hageo 2:14; Tito 1:15 y 3:5; Amós 5:21,22; Oseas
1:4; Romanos 9:16.
6. Salmos 14:4 y 36:3; Job 21:14,15; Mateo 25:41-43,45 y 23:23.
CAPITULO 17: DE LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS
I. A quienes Dios ha aceptado
en su Amado, y que han sido llamados eficazmente y santificados
por su Espíritu, no pueden caer
ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente
han de perseverar en él hasta el fin, y serán
salvados eternamente. (1)
1. Filipenses 1:6; 2 Pedro 1:10; Juan 10:28,29; 1 Juan 3:9; 1 Pedro
1:5,9.
II. Esta perseverancia de
los santos depende no de su propio libre albedrío, sino de la inmutabilidad del decreto de elección,
que fluye del amor gratuito e inmutable de Dios el Padre; (1) de
la eficacia del mérito y de la intercesión de Jesucristo;
(2) de la morada del Espíritu, y de la simiente de Dios
que está en los santos; (3) y de la naturaleza del pacto
de gracia, (4) de todo lo cual surge también la certeza
y la infalibilidad de la perseverancia. (5)
1. 2 Timoteo 2:18,19; Jeremías 31:3.
2. Hebreos 10:10,14; 13:20,21; 7:25 y 9:12-15; Juan 17:11,24; Romanos
8:33-39; Lucas 22:32.
3. Juan 14:16,17; 1 Juan 2:27 y 3:9.
4. Jeremías 32:40.
5. 2 Tesalonicenses 3:3; 1 Juan 2:19; Juan 10:28.
III. No obstante esto, es
posible que los creyentes, por las tentaciones de Satanás y del mundo, por el predominio de la corrupción
que queda en ellos, y por el descuido de los medios para su preservación
caigan en pecados graves; (1) y por algún tiempo permanezcan
el ellos; (2) por lo cual atraerán el desagrado de Dios;
(3) contristarán a su Espíritu Santo; (4) se verán
excluidos en alguna medida de sus gracias y consuelos; (5) tendrán
sus corazones endurecidos; (6) y sus conciencias heridas; (7) lastimarán
y escandalizarán a otros, (8) y atraerán sobre sí juicios
temporales. (9)
1. Mateo 26:70,72,74.
2. Salmos 51:14.
3. Isaías 64:5,7,9; 2 Samuel 11:27.
4. Efesios 4:30.
5. Salmos 51:8,10,12; Apocalipsis 2:4; Cantares 5:2,3,4,6,.
6. Marcos 6:52 y 16:14; Isaías 63:17.
7. Salmos 32:3,4 y 51:8.
8. 2 Samuel 12:14.
9. Salmos 89:31,32; 1 Corintios 11:32.
CAPITULO 18: DE LA SEGURIDAD DE LA GRACIA Y DE LA SALVACIÓN
I. Aunque los hipócritas y otros hombres no regenerados
pueden vanamente engañarse a sí mismos con esperanzas
falsas y presunciones carnales de estar en el favor de Dios y en
estado de salvación; (1) cuya esperanza perecerá;
(2) sin embargo, los que creen verdaderamente en el Señor
Jesús y le aman con sinceridad, esforzándose por
andar con toda buena conciencia delante de él, pueden en
esta vida, estar absolutamente seguros de que están en el
estado de gracia, (3) y pueden regocijarse en la esperanza de la
gloria de Dios; y tal esperanza nunca les hará avergonzarse.(4)
1. Job 8:13,14; Miqueas 3:11; Deuteronomio 29:19; Juan 8:41.
2. Mateo 7:22,23.
3. 1 Juan 2:3; 5:13 y 3:14,18,19,21,24.
4. Romanos 5:2,5.
II. Esta seguridad no es
una mera persuasión presuntuosa
y probable, fundada en una esperanza falible; (1) sino que es una
seguridad infalible de fe basada en la verdad divina de las promesas
de salvación, (2) en la demostración interna de aquellas
gracias a las cuales se refieren las promesas, (3) en el testimonio
del Espíritu de adopción testificando a nuestro espíritu
de que somos hijos de Dios; (4) este Espíritu es la garantía
de nuestra herencia, y por EL cual somos sellados hasta el día
de la redención.(5)
1. Hebreos 6:11,19.
2. Hebreos 6:17,18.
3. 2 Pedro 1:4,5,10.11; 1 Juan 2:3; 3:14; 2 Corintios 1:12.
4. Romanos 8:15,16.
5. Efesios 1:13,14; Efesios 4:30; 2 Corintios 1:21,22.
III. Esta seguridad infalible
no corresponde completamente a la esencia de la fe, sino que
un verdadero creyente
puede esperar
mucho tiempo y luchar con muchas dificultades antes de ser
participante de tal seguridad; (1) sin embargo, siendo capacitado
el creyente
por el Espíritu Santo para conocer las cosas que le son
dadas gratuitamente por Dios, puede alcanzarlas sin una revelación
extraordinaria por el uso correcto de los medios ordinarios; (2)
y por eso es el deber de cada uno ser diligente para asegurar su
llamamiento y elección; (3) para que su corazón se
ensanche en la paz y en el gozo del Espíritu Santo, en amor
y gratitud a Dios, y en la fuerza y alegría de los deberes
de la obediencia, que son los frutos propios de esta seguridad:
(4) así de lejos está esta enseñanza de
inducir a los hombres a la negligencia. (5)
1. Isaías 50:10; 1 Juan 5:13; Marcos 9:24; Salmos 88
y 77:1-12.
2. 1 Corintios 2:12; 1 Juan 4:13; Hebreos 6:11,12; Efesios 3:17,19.
3. 2 Pedro 1:10.
4. Romanos 5:1,2,5; 14:17; 15:13; Salmos 119:32 y 4:6,7; Efesios
1:3,4.
5. 1 Juan 2:1,2; Romanos 6:1,2; Tito 2:11,12,14; 2 Corintios 7:1;
Romanos 8:1,12; 1 Juan 3:2,3; Salmos 130:4; 1 Juan 1:6,7.
IV. La seguridad de la salvación de los verdaderos creyentes
puede ser, en diversas maneras, zarandeada, disminuida o interrumpida;
por la negligencia en preservarla; por caer en algún pecado
especial, que hiera la conciencia y contriste el Espíritu;
por alguna tentación repentina o vehemente; por retirarlos
Dios la luz de su rostro y permitiendo, aun a los que le temen,
(1) que caminen en tinieblas, y que no tengan luz; sin embargo,
nunca quedan totalmente destituidos de aquella simiente de Dios,
y de la vida de fe, de aquel amor de Cristo y de los hermanos,
de aquella sinceridad de corazón y conciencia del deber.
De todo lo cual, por la operación del Espíritu, esta
seguridad puede ser revivida en su debido tiempo; (2) y por todo
lo cual, mientras tanto, los verdaderos creyentes son sostenidos
para que no caigan en la desesperación total. (3)
1. Cantares 5:2,3,6; Salmos 51:8,12,14; Efesios 4:30,31; Salmos
77:1-10; Mateo 26:69-72; Salmos 31:22 y 8; Isaías 50:10.
2. 1 Juan 3:9; Job 13:15; Lucas 22:32; Salmos 73:15 y 51:8,12;
Isaías 50:10.
3. Miqueas 7:7-9, Jeremías 32:40; Isaías 54:7-10;
Salmos 22:1; y Salmo 88.
CAPITULO 19: DE LA LEY DE DIOS
I. Dios dio a Adán una ley como un pacto de obras, por
la que lo obligó a toda su posteridad a una obediencia personal,
completa, exacta y perpetua; le prometió la vida por el
cumplimiento de ella, y le amenazó con la muerte si la infringía;
y le dio también el poder y la capacidad para guardarla.
(1)
1. Génesis 1:26,27; 2:17; Romanos 2:14,15; 10:5; 5:12,19.
Véase Gálatas 3:10,12; Eclesiastés 7:29;
Job 28:28.
II. Esta ley, después de la caída de Adán,
continuaba siendo una regla perfecta de rectitud; y como tal fue
dada por Dios en el Monte Sinaí en diez mandamientos
y escrita en dos tablas; (1) los cuatro primeros mandamientos
contienen nuestros
deberes para con Dios, y los otros seis, nuestros deberes para
con los hombres. (2)
1. Santiago 1:25; 2:8; 10-12; Romanos 13:8,9; Deuteronomio 5:32
y 10:4; Exodo 34:1.
2. Mateo 22:37-40.
III. Además de esta ley, comúnmente llamada ley
moral, agradó a Dios dar al pueblo de Israel, como una iglesia
menor, leyes ceremoniales que contenían varias ordenanzas
típicas; en parte de adoración prefigurando a Cristo,
sus gracias, acciones, sufrimientos y beneficios, (1) y en parte
expresando diversas instrucciones sobre los deberes morales. (2)
Todas aquellas leyes ceremoniales están abrogadas ahora
bajo el Nuevo Testamento. (3)
1. Hebreos 10:1; Gálatas 4:1-3; Colosenses 2:17; Hebreos
9.
2. 1 Corintios 5:7; 2 Corintios 6:17; Judas 23.
3. Colosenses 2:14,16,17; Efesios 2:15,16; Daniel 9:27.
IV. A los israelitas como
a un cuerpo político también
les dio algunas leyes judiciales, que expiraron juntamente con
el estado político de aquel pueblo, por lo que ahora
no obligan a los otros pueblos, sino en lo que la justicia
general
de ellas lo requiera. (1)
1. Exodo 21 y 22:1-29; Génesis 49:10; comparado con
1 Pedro 2:13,14; Mateo 5:17 con 38,39; 1 Corintios 9:8-10.
V. La ley moral obliga por
siempre a todos, tanto a los justificados, como a los que no
lo están, a la obediencia de ella; (1)
y esto no sólo en consideración a la naturaleza de
ella sino también con respecto a la autoridad de Dios, el
Creador, quien la dio. (2) Cristo, en el evangelio, en ninguna
manera abroga esta ley, sino que refuerza nuestra obligación
de cumplirla. (3)
1. Romanos 13:8-10; Efesios 6:2; 1 Juan 2:3,4,7,8.
2. Santiago 2:10,11.
3. Mateo 5:17,19; Santiago 2:8; Romanos 3:31.
VI. Aunque los verdaderos
creyentes no están bajo la ley
como un pacto de obras para ser justificados o condenados; (1)
sin embargo, es de gran utilidad tanto para ellos como para otros;
ya que como una regla de vida les informa de la voluntad de Dios
y de sus deberes, les dirige y obliga a andar en conformidad con
ella; (2) les descubre también la pecaminosa contaminación
de su naturaleza, corazón y ida; (3) de tal manera, que
cuando ellos se examinan delante de ella, puedan llegar a una convicción
más profunda de su pecado, a sentir humillación por él
y un odio contra él; (4) junto con una visión más
clara de la
necesidad que tienen de Cristo, y de la perfección de su
obediencia. (5) También la ley moral es útil para
los regenerados para restringir su corrupción, puesto que
prohíbe el pecado; (6) y las amenazas de ella sirven para
mostrar lo que merecen aún sus pecados, y qué aflicciones
puedan esperar por ellos en esta vida; aún cuando estén
libres de la maldición con que amenaza la ley. (7) Las promesas
de ella, de un modo semejante, manifiestan a los regenerados que
Dios aprueba la obediencia y cuáles son las bendiciones
que deben esperar por el cumplimiento de la misma; (8) aunque no
se deba a ellos por la ley como un pacto de obras; (9) así que,
si un hombre hace lo bueno y deja de hacer lo malo porque la ley
le manda aquello y le prohíbe esto, no es evidencia de que
esté bajo la ley, sino bajo la gracia. (10)
1. Romanos 6:14 y 8:1; Gálatas 2:16; 3:13; 4:4,5; Hechos
13:39.
2. Romanos 7:12,22,25; Salmos 119:4-6; 1 Corintios 7:19; Gálatas
5:14,16; 18:23.
3. Romanos 7:7 y 3:20.
4. Romanos 7:9,14,24; Santiago 1:23-25.
5. Gálatas 3:24; Romanos 8:3,4 y 7:24.
6. Santiago 2:11; Salmos 119:101,104,128.
7. Esdras 9:13,14; Salmos 89:30-34.
8. Salmos 37:11 y 19:11; Levítico 26:1-14; con 2 Corintios
6:16; Efesios 6:2,3; Mateo 5:5.
9. Gálatas 2:16; Lucas 17:10.
10. Romanos 6:12,14; Hebreos 12:28,29; 1 Pedro 3:8-12; Salmos 34:12-16.
VII. Los usos de la ley
ya mencionados, no son contrarios a la gracia del Evangelio,
sino que concuerdan
armoniosamente con él;
(1) el Espíritu de Cristo subyuga y capacita la voluntad
del hombre para que haga alegre y voluntariamente lo que requiere
la voluntad de Dios, revelada en la ley. (2)
1. Gálatas 3:21.
2. Ezequiel 36:27; Hebreos 8:10; Jeremías 31:33.
CAPITULO 20: DE LA LIBERTAD CRISTIANA Y DE LA LIBERTAD DE CONCIENCIA
I. La libertad que Cristo
ha comprado para los creyentes que están
bajo el Evangelio, consiste en su libertad de la culpa del pecado,
de la ira condenatoria de Dios y de la maldición de la ley
moral; (1) y en ser librados de este presente siglo malo, de la
servidumbre de Satanás y del dominio del pecado; (2) del
mal de las aflicciones, del aguijón de la muerte, de la
victoria del sepulcro y de la condenación eterna; (3) como
también en su libre acceso a Dios, (4) y en rendir su obediencia
a EL, no por temor servil, sino con un amor filial y con intención
voluntaria. (5) Todo lo cual era común también a
los creyentes bajo la ley; (6) aunque bajo el Nuevo Testamento
la libertad de los cristianos se ensancha mucho más porque
están libres de yugo de la ley ceremonial a que estaba sujeta
la iglesia judaica, (7) y que tienen ahora mayor confianza para
acercarse al trono de la gracia, (8) y mayores participaciones
del libre Espíritu de Dios que aquellas de las cuales
participaron los creyentes bajo la ley. (9)
1. Tito 2:14; 1 Tesal. 1:10; Gálatas 3:13.
2. Gálatas 1:4; Hechos 26:18; Colosenses 1:13; Romanos
6:14.
3. Salmos 119:71; 1 Corintios 15:54-57; Romanos 8:28; Romanos 8:1.
4. Romanos 5:1,2.
5. Romanos 8:14-15; 1 Juan 4:18.
6. Gálatas 3:9 y 14.
7. Gálatas 5:1 y 4:1-3,6,7; Hechos 15:10,11.
8. Hebreos 4:14,16; 10:19-22.
9. Juan 7:38-39; 2 Corintios 3:13, 17-18.
II. Solo Dios es el Señor de la conciencia, (1) y la ha
dejado libre de los mandamientos y doctrinas de los hombres, las
cuales son en alguna manera contrarias a su Palabra, o está al
lado de ella en asuntos de fe o de adoración. (2) Así que
creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos con respecto
a la conciencia, es traicionar la verdadera libertad de conciencia;
(3) y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega
y absoluta, es destruir la libertad de conciencia (4) y también
la razón.
1. Santiago 4:12; Romanos 14:4.
2. Hechos 4:19; 5:29; 1 Corintios 7:23; Mateo 23:8-10 y 15:9; 2
Corintios 1:24.
3. Colosenses 2:20,22 y 23; Gálatas 1:10; 2:4,5; 5:1.
4. Romanos 10:17; 14:23; Isaías 8:20; Hechos 17:11; Juan
4:22; Oseas 5:11; Apocalipsis 13:12,16,17; Jeremías
8:9.
III. Aquellos que bajo el
pretexto de la libertad cristiana practican algún pecado o abrigan alguna concupiscencia destruyen,
por esto, el propósito de la libertad cristiana; el cual
es que siendo librados de las manos de nuestros enemigos, podamos
servir al Señor sin temor, en santidad y justicia delante
de EL todos los días de nuestra vida. (1)
IV. Y porque los poderes
que Dios ha ordenado y la libertad que Cristo ha comprado, no
han sido destinados
por Dios para
destruirse,
sino para preservarse y sostenerse mutuamente uno al otro;
los que bajo el pretexto de la libertad cristiana, quieran oponerse
a cualquier poder legal, o a un lícito ejercicio, sea civil
o eclesiástico, resisten a la ordenanza de Dios. (1) Los
que publican tales opiniones, o mantienen tales prácticas,
que son contrarias a la luz de la naturaleza, o a los principios
conocidos del Cristianismo, ya sea que se refieran a la fe, a la
adoración o a la conducta, o al poder de la santidad; tales
opiniones o prácticas erróneas, ya sea en su
propia naturaleza o en la manera como las publican o las sostienen,
son
destructivas para la paz externa y el orden que Cristo ha establecido
en la Iglesia. Se les puede llamar legalmente a cuentas, y
se les puede procesar por la disciplina de la Iglesia. (2)
1. Mateo 12:25; 1 Pedro 2:13,14,16; Romanos 13:1-8; Hebreos 13:17.
2. Romanos 1:32; 1 Corintios 5:1,5,11,13; 2 Juan 10:11; 2 Tesal.
3:14; 1 Timoteo 6:3-5; Tito 1:10,11,13; 3:10; Mateo 18:15-17; 1
Timoteo 1:19,20; Apocalipsis 2:2,14,15,20; 3:9.
CAPITULO 21: DE LA ADORACIÓN RELIGIOSA Y DEL DÍA
DE REPOSO
I. La luz de la naturaleza
muestra que hay un Dios que tiene señorío
y soberanía sobre todo; es bueno y hace bien a todos; y
que, por tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído,
y servido, con toda el alma con todo el corazón y con todas
las fuerza. (1) Pero el modo aceptable de adorar al verdadero Dios
es instituido por EL mismo, y está tan limitado por su propia
voluntad revelada, que no se debe adorar a Dios conforme a las
imaginaciones e invenciones de los hombres o a las sugerencias
de Satanás, bajo ninguna representación visible o
en ningún otro modo no prescrito en las Santas Escrituras.
(2)
1. Romanos 1:20; Hechos 17:24; Salmos 119:68; Jeremías 10:7;
Salmos 31:23; 18:3; Romanos 10:12; Salmos 62:8; Josué 24:14;
Marcos 12:33.
2. Deuteronomio 12:32; 4:15-20; Mateo 15:9; 4:9,10; Hechos 17:25;
Exodo 20:4-6; Colosenses 2:23.
II. La adoración religiosa ha de darse a Dios Padre, Hijo
y Espíritu Santo, y a El solamente; (1) no a los ángeles,
ni a los santos, ni a ninguna otra criatura; (2) y desde la caída,
no sin algún Mediador; ni por la mediación de ningún
otro, sino solamente de Cristo. (3)
1. Juan 5:13; 2 Corintios 13:14; Mateo 4:10.
2. Colosenses 2:18; Apocalipsis 19:10; Romanos 1:25.
3. Juan 14:6; 1 Timoteo 2:5; Efesios 2:18; Colosenses 3:17.
III. Siendo la oración como acción de gracias una
parte especial de la adoración religiosa, (1) la exige Dios
de todos los hombres, (2) y para que pueda ser aceptada debe hacerse
en el nombre del Hijo, (3) con la ayuda del Espíritu,
(4) conforme a su voluntad, (5) con entendimiento, reverencia,
humildad,
fervor, fe, amor y perseverancia; (6) y si se hace oralmente,
en una lengua conocida. (7)
1. Filipenses 4:6.
2. Salmos 65:2.
3. Juan 14:13,14; 1 Pedro 2:5.
4. Romanos 8:26.
5. 1 Juan 5:14.
6. Salmos 47:7; Eclesiastés 5:1,2; Hebreos 12:28; Génesis
18:27; Santiago 5:16; 1:6,7; Efesios 6:18; Marcos 11:24; Mateo
6:12,14,15; Colosenses 4:2.
7. 1 Corintios 14:14.
IV. La oración ha de hacerse por cosas lícitas,
(1) y a favor de toda clase de hombres que ahora viven, o que vivirán
después; (2) pero no de los muertos (3) ni de aquellos
de quienes se pueda saber que hayan cometido el pecado de muerte.
(4)
1. 1 Juan 5:14.
2. 1 Timoteo 2:1,2; Juan 17:20; 2 Samuel 7:29; Rut 4:12.
3. 2 Samuel 12:21-23; Lucas 16:25,26; Apocalipsis 14:13.
4. 1 Juan 5:16.
V. La lectura de las Escrituras
con temor reverencial; (1) la sólida predicación, (2) y el escuchar conscientemente
la palabra, en obediencia a Dios, con entendimiento, fe y reverencia;
(3) el cantar salmos con gracia en el corazón; (4) y también
la debida administración y la recepción digna de
los sacramentos instituidos por Cristo; todas estas cosas son parte
de la adoración religiosa ordinaria a Dios; (5) y además,
los juramentos religiosos, (6) los votos, (7) los ayunos solemnes,
(8) y las acciones de gracias en ocasiones especiales, (9)
han de usarse, en sus tiempos respectivos, de una manera santa
y religiosa.
(10)
1. Hechos 15:21; Apocalipsis 1:3.
2. 2 Timoteo 4:2.
3. Santiago 1:22; Hechos 10:33; Hebreos 4:2; Mateo 13:19; Isaías
66:2.
4. Colosenses 3:16; Efesios 5:19; Santiago 5:13.
5. Mateo 28:19; Hechos 2:42; 1 Corintios 11:23-29.
6. Deuteronomio 6:13; Nehemías 10:29.
7. Eclesiastés 5:4,5; Isaías 19:21.
8. Joel 2:12; Mateo 9:15; 1 Corintios 7:5; Ester 4:16.
9. Salmos 107; Ester 9:22.
10. Hebreos 12:28.
VI. Ahora bajo el Evangelio,
ni la oración ni ninguna otra
parte de la adoración religiosa están limitados a
un lugar, ni son más aceptables por el lugar en que se realizan,
o hacia el cual se dirigen; (1) sino que Dios ha de ser adorado
en todas partes (2) en espíritu y en verdad; (3) tanto en
lo privado en las en las familias (4) diariamente, (5) y en secreto
cada uno por sí mismo; (6) así como de una manera
más solemne en las reuniones públicas, las cuales
no han de descuidarse ni abandonarse voluntariamente o por
negligencia, cuando Dios por su palabra y providencia nos llama
a ellas. (7)
1. Juan 4:21.
2. Malaquías 1:11; 1 Timoteo 2:8.
3. Juan 4:23,24.
4. Jeremías 10:25; Deuteronomio 6:6,7; Job 1:5; 2 Samuel
6:18-20; 1 Pedro 3:7; Hechos 10:2.
5. Mateo 6:11.
6. Mateo 6:6; Efesios 6:18.
7. Isaías 56:6,7; Hebreos 10:25; Proverbios 1:20,21,24;
8:34; Hechos 13:42; Lucas 4:16; Hechos 2:42.
VII. Así como es la ley de la naturaleza que en lo general
una proporción debida de tiempo se dedique a la adoración
de Dios; así en su palabra, por un mandamiento positivo,
moral y perpetuo que obliga a todos los hombres en todos los tiempos,
Dios ha señalado particularmente un día de cada siete,
para que sea guardado como un reposo santo para EL; (1) el cual
desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo,
fue el último día de la semana; y desde la resurrección
de Cristo fue cambiado el primer día de la semana, (2) al
que se le llama en las Escrituras día del Señor (3)
y debe ser perpetuado hasta el fin del mundo como el día
de reposo cristiano. (4)
1. Exodo 20:8,10,11; Isaías 56:2,4,6,7.
2. Génesis 2:2,3; 1 Corintios 16:1,2; Hechos 20:7.
3. Apocalipsis 1:10.
4. Exodo 20:8,10; Mateo 5:17,18.
VIII. Este día de reposo se guarda santo para el Señor,
cuando los hombres después de la debida preparación
de su corazón y arreglados con anticipación todos
sus asuntos ordinarios, no solamente guardan un santo descanso
durante todo el día de sus propias labores, palabras y pensamientos
acerca de sus empleos y diversiones mundanales; (1) sino que también
dedican todo el tiempo al ejercicio de la adoración pública
y privada, y en los deberes de caridad y de misericordia. (2)
1. Exodo 20:8; 16:23,25,26,29,30; 31:15-17; Isaías 58:13;
Nehemías 13:15,19,21,22.
2. Isaías 58:13; Mateo 12:1-13.
CAPITULO 22: DE LOS JURAMENTOS Y DE LOS VOTOS LICITOS
I. Un juramento lícito es una parte de la adoración
religiosa (1) por el cual una persona, en la debida ocasión,
al jurar solemnemente, pone a Dios como testigo de lo que afirma
o promote, y para que le juzgue conforme a la verdad o a la
falsedad de lo que jura. (2)
1. Deuteronomio 10:20.
2. Exodo 20:7; Levítico 19:12; 2 Corintios 1:23; 2 Crónicas
6:22,23.
II. Sólo en el nombre de Dios deben jurar los hombres,
y este nombre ha de usarse con todo temor santo y con reverencia.
(1) Por lo tanto, jurar vana o temerariamente en ese nombre glorioso
y terrible, o definitivamente jurar por cualquier otra cosa, es
pecaminoso y debe aborrecerse. (2) Sin embargo, como en asuntos
de peso y de importancia, un juramento está justificado
por la Palabra de Dios, tanto en el Nuevo Testamento como en el
Antiguo, (3) por eso, cuando una autoridad legítima
exija un juramento legal para tales asuntos, este juramento
debe hacerse.
(4)
1. Deuteronomio 6:13.
2. Jeremías 5:7; Santiago 5:12; Exodo 20:7; Mateo 5:34,37.
3. Hebreos 6:16; Isaías 65:16; 2 Corintios 1:23.
4. 1 Reyes 8:31; Esdras 10:5; Nehemías 13:25.
III. Todo aquel que hace
un juramento debe considerar seriamente la gravedad de un acto
tan solemne, y por
lo tanto no afirmar sino
aquello de lo cual esté plenamente persuadido de que es
la verdad. (1) Ni tampoco puede algún hombre obligarse por
un juramento a alguna cosa, sino a lo que es bueno y justo, y a
lo que el cree que lo es, y a lo que es capaz y está dispuesto
a cumplir. (2) Sin embargo, es un pecado rehusar un juramento tocante
a una cosa que es buena y justa, cuando sea exigida por una autoridad
legítima. (3)
1. Jeremías 4:2; Exodo 20:7
2. Génesis 24:2,3,5,6,8,9.
3. Números 5:19,21; Nehemías 5:12; Exodo 22:7-11.
IV. Un juramento debe hacerse
en el sentido claro y común
de las palabras, sin equivocación o reservas mentales. (1)
Tal juramento no puede obligar a pecar; pero en todo aquello que
no sea pecaminoso, habiéndose hecho, es obligatorio cumplirlo
aun cuando sea en el propio daño del que lo hizo, (2) ni
debe violarse porque haya sido hecho a herejes o a incrédulos.
(3)
1. Salmos 24:4; Jeremías 4:2.
2. Salmos 15,4; 1 Samuel 25:22, 32-34.
3. Ezequiel 17:16,18,19; Josué 9:18,19 con 2 Samuel
21:1.
V. Un voto es de naturaleza semejante a la de un juramento promisorio,
y debe hacerse con el mismo cuidado religioso y cumplirse con la
misma fidelidad. (1)
1. Isaías 19:21; Eclesiastés 5:4-6; Salmos 61:8;
66:13,14.
VI. El voto no debe hacerse
a ninguna criatura sino solo a Dios, (1) y para que sea acepto
ha de hacerse voluntariamente,
en fe
y conciencia del deber, como muestra de gratitud por la misericordia
recibida, o bien para obtener lo que queremos; por lo que
nos obligamos a cumplir más estrictamente nuestros deberes
necesarios u otras cosas, en cuanto puedan ayudarnos adecuadamente
al cumplimiento
de ellos. (2)
1. Salmos 76:11; Jeremías 44:25,26.
2. Deuteronomio 23:21-23; Salmos 50:14; Génesis 28:20-22;
1 Samuel 1:11; Salmos 132:2-5; 66:13,14.
VII. Ningún hombre puede hacer voto para ejecutar alguna
cosa prohibida en la Palabra de Dios, o que impida el cumplimiento
de algún deber ordenado en ella, o una cosa que no está en
su capacidad, y para cuya ejecución no tenga ninguna promesa
de ayuda por parte de Dios. (1) A tales respectos, los votos monásticos
de