¿Cuál
es tu único
consuelo tanto en la vida como en la
muerte?
Que
yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como
en la muerte, no me pertenezco a mi mismo,
sino a mi fiel Salvador Jesucristo, que me
libró del poder del diablo, satisfaciendo
enteramente con su preciosa sangre por todos
mis pecados, y me guarda de tal manera que
sin la voluntad de mi Padre celestial ni
un solo cabello de mi cabeza puede caer antes
es necesario que todas las cosas sirvan para
mi salvación. Por eso también
me asegura, por su Espíritu Santo,
la vida eterna y me hace pronto y aparejado
para vivir en adelante según su santa
voluntad.